Las estancias escolares en el extranjero no son programas largos ni intercambios complejos. Suelen durar una semana, pero bien planteadas pueden tener un impacto educativo muy significativo.
En este tipo de viajes, el profesorado viaja con su alumnado, acompaña, comparte y vive la experiencia. No se trata solo de supervisar, sino de formar parte activa del viaje, disfrutarlo y darle sentido educativo.
Esta guía está pensada para docentes que organizan estancias lingüísticas de corta duración, y quieren que esa semana marque la diferencia.
Antes del viaje: preparar el terreno para aprovechar la semana
En una estancia corta, la planificación previa es todavía más importante. La organización la delegas en NLE, de modo que el profesorado no tenga que preocuparse de la logística y pueda centrarse en lo esencial: estar con su grupo y vivir la experiencia.
Cuanto más claro esté todo antes de salir, más se disfruta el viaje.
- Tener claro el objetivo de la experiencia
En una semana no se trata de “aprenderlo todo”, sino de vivir el idioma y la cultura.
Objetivos habituales en este tipo de experiencias:
- perder el miedo a comunicarse en inglés
- ganar confianza fuera del aula
- convivir en un entorno distinto
- reforzar la cohesión del grupo
Este enfoque ayuda a ajustar expectativas, tanto del alumnado como de las familias.
- Elegir un destino adecuado
En este tipo de estancias, el destino no se elige al azar ni por tendencia. La decisión pasa por ajustar el lugar al perfil del grupo, a su edad, nivel de autonomía y experiencia previa.
Se valora qué entorno facilitará mejor la adaptación y permitirá aprovechar la experiencia desde el primer día.
Contar con orientación en esta fase ayuda a elegir la opción que mejor encaja en cada caso, sin improvisaciones y con la tranquilidad de saber que todo está pensado para que la semana funcione.
La clave no es hacer muchas cosas, sino hacerlas bien y con sentido.
- Preparar a los estudiantes antes de viajar
Un pequeño trabajo previo en clase marca la diferencia.
Ideas sencillas:
- vocabulario básico para situaciones reales
- normas de convivencia y uso del idioma
- expectativas claras sobre la experiencia
Llegar preparados permite aprovechar cada día desde el primero.
Durante el viaje: acompañar, compartir y disfrutar
En una estancia escolar de una semana, el papel del profesorado es estar presente y vivir la experiencia junto al grupo.
- Acompañamiento cercano
Para muchos estudiantes, es su primer viaje al extranjero. El profesorado aporta:
- seguridad
- calma
- referencia emocional
Esa presencia cercana favorece que el alumnado gane confianza, se implique y viva la experiencia con más naturalidad.
- Aprender fuera del aula
El valor de estos viajes escolares está en el uso real del idioma:
- pedir, preguntar, orientarse
- participar en actividades en inglés
- convivir con otras culturas
El aprendizaje ocurre de forma natural, sin presión académica.
- Cuidar el bienestar del grupo
Disfrutar de la estancia implica también:
- respetar ritmos
- atender necesidades individuales
- mantener una comunicación fluida
Cuando el alumnado se siente cuidado, la experiencia fluye mejor para todos, también para el profesorado.
Después del viaje: cerrar la experiencia y darle continuidad
Aunque el programa de inmersión dure una semana, su impacto puede prolongarse mucho más. De hecho, muchos centros repiten la experiencia año tras año, y en algunos casos el viaje se convierte en el primer paso hacia estancias de verano u otras experiencias internacionales de mayor duración como el año académico en Irlanda.
- Compartir lo vivido en clase
Dedicar un espacio a hablar del viaje ayuda a:
- consolidar aprendizajes
- poner palabras a lo experimentado
- reforzar la confianza ganada
- Mantener viva la motivación
Tras una experiencia positiva, los estudiantes suele mostrarse más abiertos al idioma. Es un buen momento para:
- aprovechar ese impulso en clase
- conectar lo vivido con contenidos curriculares
- seguir trabajando el inglés desde otro lugar
Una semana que puede ser el comienzo
Una estancia escolar en el extranjero no es solo un viaje. Es una experiencia compartida que se vive en grupo, refuerza vínculos y amplía la mirada del alumnado, también la del profesorado.
Para muchos centros, dar este paso por primera vez genera dudas. Es normal. Pero no se trata de organizar algo complejo ni de asumir más de lo necesario. Una semana bien planteada, con acompañamiento y sentido educativo, es suficiente para empezar.
La organización, la logística y la coordinación es cosa nuestra, de modo que el profesorado no tenga que ocuparse de todo. Así, el foco puede ponerse en lo esencial: estar con el alumnado, compartir la experiencia y disfrutarla.
A veces, lo más complicado no es el viaje en sí, sino tomar la decisión. Y una vez tomada, todo empieza a encajar con naturalidad.



